La Luz Subacuática

La luz varía entre el medio acuático y el aéreo. Cuanta más profundidad alcancemos la visión se hará más complicada y los colores también variarán desapareciendo el rojo, naranja, amarillo, verde y azul en este orden. Nuestros ojos sufren esta variación. No somos capaces de enfocar objetos y aunque empleemos gafas, que crea un espacio aéreo que nos facilita la visión, esta no es correcta y se refracta, viendo los objetos más grandes y más cerca de lo que realmente están. Ya hemos visto el efecto que la presión ejerce sobre los oídos, pero es que, además, el sonido también es percibido de manera diferente. La velocidad a la que se transmiten las ondas sonoras en el aire es de 350 metros por segundo, pero en el agua viajan a más velocidad, a unos 1400 m por segundo, lo que nos dificulta poder identificar de donde procede el sonido que podemos percibir además de la contaminación acústica que podemos sentir pues el sonido marino es enormemente rico. No es que se trate de una batería ruidosa, sino que se puede percibir el sonido de los peces, de los crustáceos, sonido de la respiración, propia y ajena, etc.

 

 

De ahí que también sea interesante educar el sentido auditivo al medio acuático. Si el sonido proviene de la superficie llega con dificultad al agua, de ahí que una manera de comunicación de los que están en superficie sea golpear la escalerilla que está sumergida y que, en el agua, es posible transmitir sonido por vibración.



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